Last May (17-20) our colleague João Fonte participated in the TRAIL 2016 (Training and Research on the Archaeological Interpretation of LiDAR), held at the Domaine National de Chambord (Loir-et-Cher, Francia). He had the opportunity there to interact with the most important European specialists and to learn about the application of aerial LiDAR in the study of archaeological landscapes. This is the third edition of this “international meeting on LiDAR applications for archaeology”.

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Thanks to the massive ingestion of sugar during Christmas time, we had enough energy to do some field work. We take advance of the fact of returning home and we move to the Portuguese transmontane lands, specifically to the municipality of Vinhais.

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These days the latest issue of the newsletter The European Archaeologist (TEA), edited by the European Association of Archaeologists (EAA), has been released. A paper written by the Romanarmy research group as a whole was there published.

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The Matrix : 3-1 vs 6-1.
The Matrix : 3-1 vs 6-1.

It was a while ago when my six male colleagues left the mountains behind, so now I find myself writing this post-post after a period of certain rest. During their field research in Asturias, I was following the campaign in Braga via email and WhatsApp messages. I have this very last image of these men in my mind as they headed into the fog, shuffling their heavy feet. They were dragging the tiredness of the previous few days and, perhaps, the nostalgy of something coming to an end. They were closing a campaign with a very good feeling, giving answers to some issues while at the same time also raising new ones.

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Talud de Xuegu la Bola

Hay una especie de ley de Murphy arqueológica que cuenta que en el último día de una prospección o excavación siempre aparece un hallazgo importante.

Por nuestra parte, podemos confirmaros que es así.

Despues de tener éxito en Cueiru, en donde localizamos un conjunto de materiales asociados al ejército romano, empezamos la prospección en el siguiente sitio arqueológico: Xuegu la Bola, del que os hablamos estos días. A 1.700 metros de altitud las condiciones de trabajo son más duras: un viento frío recorre las dorsales y nos pega todo el día en el cuerpo, no hay lugares de refugio y las condiciones empinadas del yacimiento hacen el trabajo de prospección extenuante.

Y hay más. El día 6 ha amanecido pesado, con las nubes bajas, lleno de niebla. Andrés Menéndez y David González especulan que quizás El Xuegu la Bola sobresalga por encima de la niebla, como otras veces, pero al atravesar la braña de Piedraxueves ya nos damos cuenta que no va a ser así. Estamos metidos en el medio de una espesa nube que no tiene ninguna pinta de moverse. Ha llovido toda la noche y la pista es un barrizal. Ni siquiera la música de Daft Punk, que João Fonte pincha siempre que tenemos que atravesar un complicado arroyo, sirve para que el todoterreno consiga remontar terreno, así que nos exponemos o a hacer intentos peligrosos y absurdos de remonte con el coche o a cargar con el equipo y acceder al campamento andando, por la vía de la Mesa. Acabamos decidiendo esta opción.

El problema es que en los dos días anteriores y en lo que llevamos de tercero el yacimiento no ha respondido nada: está arqueológicamente mudo, aunque aparecen pequeños descubrimientos que nos entusiasman, como una posible cabaña o corral en una especie de terraplén, en la zona alta de El Xuegu. Si en Cueiru los días de trabajo nos ofrecieron una importante colección de materiales –de los cuales, muchos posteriores al mundo romano-, aquí en Xuegu la Bola no aparece nada. El aislamiento del lugar quizás influya en la ausencia de materiales. “Estamos trabajando desquiciados”, señala David, que plantea irse. La tozudez de otros miembros del equipo, como José Costa, hacen que decidamos estar más tiempo.

Prospectamos en una zona baja, no lejos de una de las claviculae de entrada del recinto. En nuestros vuelos con drone podemos apreciar de manera impresionante el talud en uno de los lados. Sabemos que El Xuegu es una estructura arqueológica enorme, pero se resiste. Incluso para el drone. La niebla asciende la montaña y luego se derrumba por la dorsal del campamento, impidiéndonos trabajar en el modelo 3D al cerrarnos la visibilidad en un área tan grande como la de El Xuegu.

Hasta el último momento, en el que todo cambia. El equipo localiza una pieza magnífica, que es retirada y documentada con máxima precisión. “Se trata de una pieza de enmangue tubular”, describe José Costa, “que iría encajada en un mástil de madera y que, probablemente es un venablo, un arma ligera y arrojadiza. Esta tipología se usa a lo largo de la historia pero en este caso, por el contexto y el grado de deterioro en el que apareció, puede pertenecer a época romana”.

Y no es la única. Aparecen otros fragmentos también vinculados al equipamiento militar que cambian la visión e interpertación del yacimiento, asociándolo ya a la presencia militar romana en el camino de la Mesa. La hipótesis inicial, determinada por el equipo a partir del estudio de los datos LIDAR, la ubicación y la morfología del lugar, queda confirmada. Junto con la Carisa, el Xuegu la Bola es uno de los campamentos a más altitud del ejército romano.

La campaña ha sido tremendamente satisfactoria. “Tenemos piezas como fragmentos de pilum, tachuelas, un cuchillo afalcatado que, a falta de su restauración y estudio detallado, se asimilan a materiales recuperados en otros castra aestiva del NW”, señala David González.

En la Mesa la historia y el pasado son hijas de la niebla, que nos esconde cosas y nos muestra otras, a veces claramente, otras veces de manera borrosa. La ciencia es, aquí, el ejercicio de intentar ver a través de la niebla. Cuando esta se abre, en lo alto del Xuegu la Bola, se divisa a lo lejos el puerto de la Mesa, por donde entraron las legiones hace dos mil años desde la cuenca del Duero. Cada doce quilómetros establecieron un nuevo campamento para miles de soldados. Aquí, en el Xuegu la Bola, el yacimiento más al sur en territorio astur en esta sierra, por ahora se pierde el rastro de este contingente de soldados que cambió la historia del noroeste.

Las investigaciones nos permiten avanzar, poco a poco, en este episodio. Ahora restan muchas horas de estudio de los materiales, de laboratorio, y de nuevo con el resto de las herramientas. El año que viene tocará avanzar de nuevo en campo. Allí estaremos nosotros y os invitamos a que nos acompañéis. Gracias por seguirnos en esta campaña.

Desde Teverga la subida a nuestra zona de estudio está entre hora y hora y media, dependiendo de las condiciones climáticas. Una hora a tumbos por la sierra de la Mesa dan para mucho. Los miembros del equipo van observando un paisaje que cuenta mucho más que una conquista romana.

“Miramos y pensamos que nosotros estamos estudiando un periodo histórico muy concreto. La guerra de conquista y ocupación provocó un cambio tremendo en este territorio, una ruptura con los paisajes de las comunidades castreñas”, señala David González. “Pero a veces no somos conscientes de otros acontecimientos que también generan enormes rupturas”.


Venta de Piedra Xueves

Porque la sensación del equipo es de atravesar un paisaje agonizante, un paisaje que desaparece. Aquí y allá el equipo recorre en el 4×4 enormes extensiones de pastizales. Y aquí y allá reconocen ruinas que hablan de otros procesos culturales, de una ganadería que se abandona y se transforma. “Podríamos hacer retroceder hasta el Neolítico el paisaje de aprovechamiento ganadero, y los primeros grupos de pastores, pero ahora mismo está desapareciendo”.

“Sólo una pequeña parte de los materiales que recuperamos en los campamentos son romanos”, señala Andrés Menéndez, porque estamos viendo territorios que fueron continuamente reocupados, y no sólo por conflictos bélicos posteriores. “Clavos de herraduras, herraduras, cencerros, tijeras de esquilar…”, enumera Menéndez. Y tiene sentido, porque los paisajes se van superponiendo en el tiempo. “Sólo en Cueiru, a los pies del campamento, hai más de veinte cabañas en el suelo”. Ese lugar fue un espacio central durante siglos para las comunidades que vivían alrededor de la sierra de la Mesa, que hacia el final del verano organizaban allí una gran romería a la que acudía gente de todas las aldeas.

Hasta el punto de que durante la charla que romanarmy.eu dio el sábado por la noche a los vecinos de Teverga, uno de ellos preguntó si las legiones escogían como campamentos espacios simbólicos importantes para los indígenas. José Manuel Costa se encogió de ombros y respondió: “es la pregunta del millón. No se puede cerrar nada. Es muy posible que haya motivos sobre todo militares, pero sabemos que los romanos con frecuencia intentan apropiarse de la simbología anterior como una manera de integrarla”. El vecino estaba recordando la importancia simbólica de la romería de Cueiru. Es posible que nunca sepamos cuáles fueron todos los criterios del mando romano para asentarse en Cueiru, pero quizás esa centralidad que hace que en él se celebre una romería compartida por todos tenga algo que ver con la elección, de forma directa o de forma indirecta.

“Nosotros estamos estudiando un proceso de cambio cultural pero en realidad, aquí arriba, ahora mismo está sucediendo otro”, apunta David González. Ese cambio es una derrota: la del viejo sistema ganadero de la Asturias tradicional.

Al cuarto día abandonamos Cueiru para enfrentarnos al siguiente yacimiento. Se trata del Xuegu la Bola. “Se encuentra a 1700 metros de altitud y es el campamento que se encuentra más al sur por la Vía de la Mesa”, señala Andrés Menéndez, quien lo localizó hace un año a través del LIDAR, “sería el primero que se encontraría de toda la linea de campamentos, si el ejército romano avanzó desde el sur, desde León”. Menéndez sólo había accedido a este lugar una vez, en invierno ,cuando el recinto se podía identificar a través de la acumulación de la nieve en los fosos, un “truco” que funciona en estas montañas asturianas para poder ver casi lo invisible, los rastros mínimos del campamento en el territorio.

Acceder a Xuegu la Bola es una experiencia impresionante en la montaña. Siguiendo el camino real de la Mesa, hay que cruzar la braña de Piedra Xueves, con una antigua venta en la que durmió Gaspar Melchor de Jovellanos, y en la que el ilustrado identificó la posible explicación del topónimo del lugar: un ara romana dedicada al dios Júpiter, que en el noroeste tantas veces aparece asociado a las altas montañas. El camino lleva hasta el Xuegu la Bola, un espectacular mirador sobre la grandiosa sucesión de montañas de Somiedo y Teverga. Estamos en uno de los campamentos romanos más altos de toda Europa, y eso se nota.

“El yacimiento es impresionante”, asegura José Costa, “una cosa es verlo sobre el papel y otro es verlo. Es increible que esta gente haya podido llegar hasta aquí”, expresa con admiración Costa. En el Xuegu la Bola, una especie de cañada gigantesca, el campamento ocupa una de las laderas, subiendo muy en pendiente hasta alcanzar un cordal que funciona como un enorme balcón en el que se distingue al final, el puerto de la Mesa. “Allí debería haber otro campamento”, comenta Andrés. El equipo lo ha buscado pero aún no aparece.

Costa reflexiona sobre como “siempre es necesario reconocer en campo los yacimientos. Aquí en el Xuegu hemos podido reconocer sobre el campo casi todo el perímetro pero hemos confirmado que dos estructuras que en el LIDAR nos parecía clavículas, las peculiares puertas de estos campamentsos, en realidad eran afloramientos rocosos. Pero hemos encontrado otras clavículas que no habíamos visto desde las fotos satélites y los modelos previos”.

Un grupo de buitres sobrevuela los extremos de este impresionante lugar, los rebecos saltan por los riscos y los caballos pastan tranquilos en este lugar alejado, en el que la naturaleza presume de gigantismo. João Fonte, el especialista tecnológico del equipo, experimenta en carne propia los rigores de la arqueología de alta montaña. “Empleamos un sistema GPS para geolocalizar todos los puntos con una precisión submétrica, pero el sistema necesita una mínima conectividad móvil. Cuando quisimos registrar la clavícula vimos que era casi imposible obtener los datos para cada uno de los puntos”.

Ahora comenzamos la búsqueda de evidencias. ¿Podremos confirmar que Xuegu la Bola fue también un campamento de las legiones? ¿Nos dejará el Júpiter de la braña saber la verdad sobre este lugar?